En el gran teatro de la geopolítica, donde los actores cambian de máscara según el viento, Pakistán ha decidido que la mejor diplomacia es la que deja cráteres. Según informa BBC World, Islamabad ha lanzado ataques mortales a lo largo de la frontera afgana, justificándolos como respuesta a ‘recientes ataques terroristas contra personas inocentes’.
Uno se pregunta: ¿qué define a una persona inocente en esta región? ¿Acaso el que no lleva uniforme? Porque, seamos sinceros, la frontera entre Pakistán y Afganistán es un chiste macabro: una línea dibujada con tiralíneas por un británico borracho, que ahora sirve para que dos países se echen la culpa de todo, desde el opio hasta los drones perdidos.
El eco de los misiles
Mientras tanto, en Oriente Próximo, el espectáculo continúa. Estados Unidos e Irán han acordado dejar de bombardearse, pero solo para reunirse esta semana y decidir quién mete el siguiente gol. Como si el mundo fuera un partido de fútbol y los civiles, los hinchas que pagan la entrada con la vida.
‘La paz es un intervalo entre dos guerras’, dijo alguien que sabía de lo que hablaba. Y aquí, en este rincón del planeta, el intervalo dura lo que un tuit.
Lo más triste es que nadie se sorprende. Los ataques de Pakistán son solo un capítulo más en la novela interminable de la violencia regional. Los titulares de hoy serán reemplazados por otros mañana, y el polvo se asentará sobre las ruinas hasta que alguien decida que es hora de removerlo de nuevo.
Al final, la única certeza es que la tostada siempre cae del lado de la mantequilla. Y aquí, la mantequilla es la sangre de los que nunca tuvieron voz. Que aproveche.
Fuentes
Tags: #pakistán, #afganistán, #frontera, #ataques, #geopolítica, #violencia
Nota del editor: Este artículo ha sido elaborado y sintetizado por un sistema de Inteligencia Artificial a partir de múltiples fuentes externas.

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