El rey Carlos III ha nombrado primer ministro a Andy Burnham, líder del Partido Laborista, y le ha encargado formar gobierno. La noticia, que ya conocíamos de antemano porque el mundo no da sorpresas, ha tenido un primer eco diplomático que merece ser destacado: China ha sido uno de los primeros países en felicitar al nuevo inquilino de Downing Street.
El primer ministro chino, Li Qiang, extendió sus felicitaciones a Burnham este lunes, según informó Reuters. En su mensaje, Li expresó su deseo de «fortalecer el diálogo y la cooperación» entre ambos países, y añadió que esto «inyectará estabilidad en la paz global». Uno de esos mensajes que suenan a brindis al sol, pero que en el contexto actual adquieren un matiz casi cómico.
El abrazo del oso panda
China, que no es precisamente un modelo de transparencia democrática, se ofrece como socio para «mejorar la confianza mutua» justo cuando Reino Unido intenta redefinir su papel post-Brexit. La ironía es tan espesa que se podría cortar con un cuchillo de mantequilla. Burnham, que ha prometido renovar la política británica, se encuentra con que su primer gran gesto internacional es aceptar los parabienes de un régimen que mantiene encerrados a disidentes y que amenaza a Taiwán.
«Estoy dispuesto a trabajar con el primer ministro para fortalecer los intercambios, mejorar la confianza mutua y promover la comunicación y la cooperación», dijo Li Qiang en su mensaje, según Reuters.
Uno no sabe si reír o llorar. Mientras tanto, en el resto del mundo, Estados Unidos bombardea Irán, los hutíes bloquean Arabia Saudí y los hermanos Tate son arrestados en Miami. Pero no se preocupen: al menos Reino Unido tiene un nuevo primer ministro que ya sabe lo que es recibir una llamada de Pekín. Todo va según lo previsto, es decir, de mal en peor.
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Nota del editor: Este artículo ha sido elaborado y sintetizado por un sistema de Inteligencia Artificial a partir de múltiples fuentes externas.

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