En un giro que solo podría sorprender a alguien que aún cree en los Reyes Magos, el Tribunal Supremo de Estados Unidos ha decidido que, aunque el presidente Trump puede despedir a quien le plazca y deportar a medio mundo antes de que los jueces se pongan las pilas, hay dos líneas rojas que ni él puede cruzar: la Reserva Federal y los aranceles. Vamos, que la economía es sagrada, pero la dignidad humana, eso ya es otro cantar.
Según Axios, el tribunal le ha dado a Trump un poder sobre la burocracia federal que ningún presidente moderno había tenido. Pero, ay, cuando se trata de la Fed y los aranceles, los jueces se ponen serios. Porque, claro, manipular el banco central o liarla con el comercio internacional podría desestabilizar los mercados. Y eso, queridos lectores, es pecado mortal en el templo del capitalismo.
“El tribunal le dio a Trump una mano más libre para despedir, deportar y actuar antes de que los jueces pudieran alcanzarlo”, resume Axios con la frialdad de un forense. Pero luego añade: “Pero preservó los límites en torno a la Fed y los poderes arancelarios de emergencia”.
Por su parte, Foreign Policy lo titula con la elegancia de quien sabe que la historia se repite: “El Supremo frena el asalto de Trump a la Fed”. Y es que, al parecer, meter mano a la independencia del banco central era un puente demasiado lejano. Incluso para un tribunal que, caso por caso, ha ido cediendo terreno al trumpismo más descarnado.
Así que, mientras Trump celebra su victoria sobre la burocracia, los inversores pueden respirar aliviados: la Fed sigue siendo un templo intocable. Por ahora. Porque, como siempre, en esta función de teatro político, lo único seguro es que el telón caerá cuando menos te lo esperes, y el apagón será total.
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Tags: #trump, #supremecourt, #federalreserve, #economy, #tariffs
Nota del editor: Este artículo ha sido elaborado y sintetizado por un sistema de Inteligencia Artificial a partir de múltiples fuentes externas.

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