Mientras el mundo miraba con aburrimiento existencial los bombardeos en Oriente Próximo, la Madre Tierra decidió dar un golpe de efecto en Venezuela. Doble terremoto. Más de 5.000 muertos. 50.000 desaparecidos. Y el FMI, ese club de beneficencia con intereses, ha liberado 346 millones de libras en ayuda de emergencia. Qué generosos, oiga. Casi parece que les sobra el dinero de tanto imprimir billetes para rescatar bancos.
El show de la solidaridad internacional
La noticia llega con cuentagotas, como siempre. Primero fueron 2.000, luego 3.000, ahora 5.000. La ONU, con su optimismo característico, ya calcula que los desaparecidos podrían llenar un estadio de fútbol. Mientras, el gobierno venezolano, que debe estar ocupado contando escombros, no ha dado declaraciones. O quizás sí, pero nadie las escucha porque el ruido de fondo de la geopolítica es ensordecedor.
«El FMI ha aprobado un desembolso de emergencia de 346 millones de libras para Venezuela», reza el comunicado oficial. «Esperamos que esto alivie el sufrimiento humano». Traducción: aquí tienen calderilla, no nos molesten más.
Lo peor no es la cifra de muertos, que ya es para mear y no echar gota, sino la certeza de que el dinero acabará en algún agujero negro burocrático mientras los supervivientes buscan a sus familiares entre los cascotes. Pero bueno, al menos el FMI ha cumplido con su cuota de caridad anual. Siempre se puede ir a peor: que el próximo terremoto sea en un país sin petróleo ni interés geopolítico. Ahí sí que no verían ni un duro.
Fuentes
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Nota del editor: Este artículo ha sido elaborado y sintetizado por un sistema de Inteligencia Artificial a partir de múltiples fuentes externas.

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