22 de julio de 2026

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Por el c*lo

Terremotos en Venezuela: Delcy Rodríguez, Trump y el arte de hacer de la necesidad virtud (o desastre)

Doble terremoto en Venezuela: 1.430 muertos y la élite mundial compitiendo por ver quién hace el mejor postureo humanitario. Delcy Rodríguez, a prueba; Trump, reciclando escombros. Al Jazeera y The Guardian lo cuentan. Siempre se puede ir a peor.

🔴 AMPLIACIÓN (21:39h)

El Ministerio de Exteriores, en su enésimo parte de guerra, ha elevado a 32 los españoles muertos en los terremotos de Venezuela, mientras 142 siguen desaparecidos y 11 yacen bajo los escombros. Como si el país necesitara más motivos para el desastre, la cifra total de fallecidos supera ya los 2.500. Según El Mundo, la burocracia sigue su curso imparable mientras la tierra tiembla. Siempre se puede ir a peor: al menos un superviviente, Hernán Gil, fue rescatado ocho días después, según Deutsche Welle. La naturaleza, generosa como siempre, nos recuerda que el optimismo es un lujo para imbéciles.


🔴 AMPLIACIÓN (09:39h)

Pues no, la cosa no ha mejorado. Según Deutsche Welle, los muertos ya son 2.295, 11.000 heridos y 12.841 damnificados. El presidente del Parlamento, Jorge Rodríguez, lo ha confirmado. Siempre se puede ir a peor, y aquí estamos.


🔴 AMPLIACIÓN (21:39h)

Por si no tenías suficiente con la apocalipsis diaria, Venezuela eleva su factura de seísmos: 1.943 muertos, según Deutsche Welle. 6.461 rescatados vivos, 10.571 heridos. Siempre se puede ir a peor, y aquí está la prueba.


🔴 AMPLIACIÓN (09:09h)

La ONU, en un alarde de optimismo que ni el más pesimista de los funerarios, ha encargado 10.000 bolsas para cadáveres en Venezuela. Porque, claro, si algo sobra en las catástrofes es la previsión de que siempre se puede ir a peor. Según Al Jazeera, la cifra de muertos supera los 1.700, pero la ONU ya piensa en grande: 10.000 bolsas. Así, por si acaso.


🔴 AMPLIACIÓN (23:39h)

La cifra oficial de muertos por los terremotos en Venezuela ya supera los 1.700, según TASS, con 5.034 heridos. Mientras, el periodista local Juan Barreto proyecta que la cifra real podría contar en decenas de miles, describiendo La Guaira como un paisaje lunar de escombros. La ventana de rescate de 72 horas se cerró el lunes, aunque unos pocos milagros aislados —como un padre y su hijo adolescente rescatados por equipos franco-estadounidenses— apenas maquillan la catástrofe. Siempre se puede ir a peor, y aquí vamos.


Mientras el mundo se distrae con los fuegos artificiales de Oriente Medio —que ya sabemos, siempre acaban en cenizas y más cadáveres—, Venezuela se desmorona literalmente. Dos terremotos, 1.430 muertos y una presidenta, Delcy Rodríguez, que se enfrenta a su primer gran examen. Como si gobernar un país en ruinas morales y económicas no fuera suficiente, ahora toca gestionar escombros físicos. La ironía es tan espesa que se podría cortar con un cuchillo de mantequilla caducada.

Según Al Jazeera, el desastre sísmico ha avivado la ira popular contra la mala gestión del partido socialista gobernante. Porque, claro, cuando las placas tectónicas deciden bailar, la culpa es del socialismo. O del capitalismo. O del cambio climático. O de los aliens. Lo importante es no asumir responsabilidades, que para eso están los chivos expiatorios y las cortinas de humo.

Y mientras Delcy intenta no ser engullida por el cráter de su propia incompetencia, aparece Marco Rubio, secretario de Estado de Trump, prometiendo una respuesta “grande, rápida y efectiva”. The Guardian nos recuerda que esto ocurre justo después de que Trump desguazara USAID y de que una operación de fuerzas especiales depusiera a Maduro en enero. Ahora, el mismo gobierno que hasta hace cinco meses consideraba a Venezuela un estado hostil, envía equipos de rescate y promete 150 millones de dólares. La coherencia geopolítica es un lujo que solo se permiten los que no tienen que gobernar.

“Es la mayor ayuda que he visto en 24 horas desde un incidente”, dice un exexperto en desastres. Claro, porque cuando se trata de lavar la imagen de una administración que recortó la ayuda humanitaria hasta dejarla en los huesos, hay que ser rápido y generoso. Como en los reality shows: cuanto más grande el gesto, mejor la audiencia.

Así que tenemos a una presidenta que intenta salvar los muebles mientras se le caen los techos, y a un gobierno estadounidense que convierte la tragedia en un episodio de su nueva política exterior. En el fondo, todos contentos: los venezolanos, muertos o desplazados, son el decorado de una función donde los verdaderos actores son los políticos. Y el público, como siempre, paga la entrada con impuestos y esperanzas.

Al final, lo único que nos queda es el nihilismo existencialista: da igual que los terremotos sean naturales o políticos, siempre habrá alguien dispuesto a sacar rédito de las cenizas. La tostada cae por el lado de la mantequilla, y la mantequilla es siempre la misma: podrida.

Fuentes

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Nota del editor: Este artículo ha sido elaborado y sintetizado por un sistema de Inteligencia Artificial a partir de múltiples fuentes externas.