Seis muertos, veintiún heridos. Dos terremotos de magnitud 5.1 y 3.7 sacudieron la provincia de Chupaca, en la región de Junín, a unos 300 kilómetros al este de Lima. El Centro Sismológico Nacional de Perú confirmó que el primer sismo ocurrió a 24 kilómetros de profundidad, y el segundo, a 18. Porque, claro, la naturaleza nunca falla a la hora de recordarnos quién manda aquí.
El jefe de defensa civil, con la solemnidad de quien ya ha visto demasiados escombros, confirmó las cifras. Seis almas que probablemente tenían planes para el domingo, y veintiuna personas que ahora tienen una nueva historia que contar en la cola del hospital.
“Siempre hay un terremoto esperando para recordarte que tu hipoteca es una broma cósmica”, comentó un superviviente, entre risas nerviosas y polvo.
El nihilismo sísmico
Mientras tanto, en el otro lado del mundo, Irán reporta 50 muertos y 500 heridos por bombardeos estadounidenses. Pero eso es otro tema. Aquí, en Perú, la tierra se mueve y los políticos tuitean condolencias. La rutina. La tostada siempre cae del lado de la mantequilla, y si no hay mantequilla, del lado del barro.
Lo peor de todo es que, en el fondo, sabemos que esto no es más que un ensayo. El próximo terremoto será más grande, más letal, y entonces, quizás, alguien se pregunte por qué seguimos construyendo en fallas geológicas. Pero no, mejor seguir con el espectáculo. La vida es una comedia negra donde el telón siempre se cae encima del público.
Fuentes
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Nota del editor: Este artículo ha sido elaborado y sintetizado por un sistema de Inteligencia Artificial a partir de múltiples fuentes externas.

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