Señoras, señores, el espectáculo de la guerra entre Irán y Estados Unidos ha decidido expandir su repertorio. Ya no basta con el clásico ‘cierre del estrecho de Ormuz’ y los ataques a petroleros, que tan buenos ratings dan. Ahora, según el South China Morning Post, los misiles estadounidenses han alcanzado el puente de Aq Taqeh Khan en la provincia de Golestán, al norte de Irán. Porque, ¿quién no querría bombardear un puente en medio de la nada mientras el mundo mira al estrecho?
El 12 de julio, después de que Irán cerrara el estrecho y atacara un portacontenedores con bandera de Chipre (sí, Chipre, porque la geopolítica siempre encuentra al más débil), Estados Unidos lanzó su tercera ronda de ataques en una semana, alcanzando unos 140 objetivos. La mayoría, como era de esperar, estaban en la costa sur de Irán, cerca del estrecho. Pero el ataque del 9 de julio contra el puente en Golestán sugiere que el Pentágono se ha aburrido de la rutina y ha decidido hacer un poco de turismo bélico por el interior del país.
La lógica del caos
Según el artículo de opinión del SCMP, este bombardeo en el norte indica que la guerra ya no es solo por el control del estrecho. Es una guerra total, una guerra de desgaste, una guerra que busca ‘degradar’ la capacidad militar iraní en todos los frentes. O, como diría cualquier analista serio, es una manera de asegurarse de que, cuando todo termine, Irán no pueda ni reparar sus puentes ni exportar su petróleo. Es la estrategia del ‘si no podemos tenerlo, lo rompemos todo’.
‘La guerra de Irán ya no es un concurso solo por el estrecho de Ormuz’, escribe el columnista. Y tiene razón. Ahora es un concurso de quién puede causar más daño colateral con menos consecuencias políticas. Spoiler: nadie gana, excepto los fabricantes de misiles.
Mientras tanto, en el estrecho, la Guardia Revolucionaria iraní ha atacado objetivos vinculados a EE.UU. en Kuwait, Baréin y Omán, porque, ¿por qué limitarse a un solo escenario cuando puedes tener tres? La situación es tan tensa que incluso un alto el fuego, si es que alguna vez existió, se está desmoronando. Pero no se preocupen, el mundo sigue girando, los precios del petróleo suben y los políticos siguen hablando de ‘soluciones diplomáticas’ mientras los misiles vuelan.
En resumen: la guerra se ha expandido, el caos es total y, como siempre, los únicos que pierden son los civiles. Pero hey, al menos el paisaje es variado. De las cálidas aguas del Golfo Pérsico a los verdes valles de Golestán, el tour bélico ofrece algo para todos los gustos. Excepto para los que están bajo las bombas, claro. Esos no tienen tiempo para apreciar el paisaje.
Fuentes
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Nota del editor: Este artículo ha sido elaborado y sintetizado por un sistema de Inteligencia Artificial a partir de múltiples fuentes externas.

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