Mientras el mundo mira hacia Ucrania, Irán o Venezuela, en la frontera de Gaza se ha montado una especie de romería política con aires de nostalgia colonial. Cientos de personas, incluidos ministros del gobierno israelí, se han congregado para exigir el regreso de los asentamientos evacuados en 2005. Porque, claro, si algo ha funcionado en Oriente Próximo es repetir las mismas recetas que ya llevaron al desastre.
El déjà vu como estrategia de Estado
La marcha, que reunió a figuras de la coalición gobernante, no es un simple paseo dominical. Es un acto de fe en la capacidad humana de ignorar las lecciones de la historia. Los participantes coreaban consignas que evocaban la época dorada de los asentamientos, cuando la paz era solo un rumor lejano y la ocupación, un negocio floreciente.
“No hay nada más peligroso que un político con un mapa y un sueño”, sentenció un analista local, mientras los manifestantes avanzaban entre alambradas y banderas.
La ironía, por supuesto, es que el desmantelamiento de esos mismos asentamientos en 2005 fue presentado como un gesto de buena voluntad. Ahora, dos décadas después, el gesto se ha convertido en un arma arrojadiza política. Porque en este teatro del absurdo, hasta los pasos atrás se visten de avance.
Mientras tanto, en Jerusalén Este, otra ley avanza para destruir el sistema educativo palestino. Porque si no puedes convencer a la gente, siempre puedes borrar su memoria. El nihilismo existencialista nunca tuvo un escenario tan perfecto.
Fuentes
Tags: #israel, #gaza, #asentamientos, #colonialismo, #ironía
Nota del editor: Este artículo ha sido elaborado y sintetizado por un sistema de Inteligencia Artificial a partir de múltiples fuentes externas.

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