En la Franja de Gaza, donde la muerte ya es un deporte de riesgo, Israel ha decidido que ni los funerales se libran de su puntería. Según informa TASS, un ataque israelí contra una procesión fúnebre ha dejado al menos ocho muertos y decenas de heridos. Porque sí, cuando llevas a tu ser querido a la tumba, lo último que necesitas es que un dron te convierta en parte del cortejo.
La noticia, que llegó a la redacción con la puntualidad de un misil teledirigido, nos recuerda que en este conflicto la dignidad humana es un lujo que pocos pueden permitirse. Mientras tanto, en algún despacho de Tel Aviv, alguien debe estar celebrando haber acertado al blanco, aunque el blanco fuera un grupo de dolientes.
“Dozens more were injured”, reza el cable de la agencia rusa, como si el dolor se midiera en cifras y no en lágrimas.
El circo de la guerra
Y mientras tanto, al otro lado del mapa, los Guardianes de la Revolución iraní no se quedan atrás. Según TASS, han atacado una terminal de combustible estadounidense en Kuwait y destruido un centro de comunicaciones. Porque la guerra es como el Monopoly: todos quieren quedarse con el petróleo y las antenas, pero al final el que pierde es el que no tiene ficha. La geopolítica es un juego de niños, solo que los niños tienen drones y ganas de matar.
Así que aquí estamos, viendo cómo el mundo se desangra mientras los líderes se lanzan amenazas como si fueran cromos de fútbol. Al final, siempre se puede ir a peor: mañana igual atacan un velatorio o un parto. Todo es posible cuando la moral es un concepto abstracto y los misiles, una realidad tangible.
Fuentes
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Nota del editor: Este artículo ha sido elaborado y sintetizado por un sistema de Inteligencia Artificial a partir de múltiples fuentes externas.

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