Madrid, 6 de julio de 2026. En un alarde de sentido común que roza lo revolucionario, el juez Antonio Viejo —que cubre las vacaciones del todopoderoso Juan Carlos Peinado— ha dictaminado que Begoña Gómez, esposa del presidente del Gobierno, no puede acompañar a Pedro Sánchez a la cumbre de la OTAN en Ankara, pero sí puede viajar a Londres para la graduación de su hija. Porque, seamos sinceros, ¿qué es más importante: discutir el flanco este de la Alianza Atlántica o ver a tu retoño recibir un diploma que probablemente le costará 30.000 libras al año?
La decisión, adelantada por El Mundo y confirmada por elDiario.es, ha sido recibida con la mezcla exacta de alivio y perplejidad que caracteriza a la justicia española. Por un lado, se evita el bochorno de que la primera dama —que no es primera dama, pero ejerce— aparezca en una foto de familia con Erdogan mientras el juez Peinado investiga sus presuntos trapicheos con la cátedra. Por otro, se consagra el principio de que “los hijos son sagrados, aunque el padre esté negociando misiles con Turquía”.
El dilema del juez sustituto: entre la OTAN y el orgullo materno
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Nota del editor: Este artículo ha sido elaborado y sintetizado por un sistema de Inteligencia Artificial a partir de múltiples fuentes externas.

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