La doctrina del espejo retrovisor
En un alarde de originalidad dialéctica que haría palidecer a un tertuliano de madrugada, el Gobierno ha decidido que la mejor defensa tras la condena a 24 años de José Luis Ábalos es un ataque preventivo contra la oposición. La consigna, coreada al unísono desde Ferraz y Moncloa, es tan sutil como un martillo pilón: “El que la hace la paga, se llame Ábalos o se llame Ayuso”. Porque, claro, nada une más a una mayoría parlamentaria que señalar con el dedo manchado de tinta judicial al vecino de enfrente.
La estrategia, según fuentes gubernamentales, se basa en la premisa de que la responsabilidad política ya fue asumida “desde el primer momento”, lo que en el argot del poder significa que echar a un exministro manchado por las mascarillas es suficiente para lavar el pecado original de haberlo tenido en el Consejo de Ministros durante años. El problema es que la sentencia del Supremo no solo condena a Ábalos, sino que certifica que existió una trama en el seno del Ejecutivo. Y eso, por mucho que se invoque el nombre de la presidenta madrileña, no se borra con un eslogan.
El PP y el arte de la memoria selectiva
Mientras tanto, en la bancada de la derecha, el Partido Popular ha desempolvado sus archivos de agravios comparativos. La respuesta al mantra gubernamental ha sido tan previsible como eficaz: “Al corruptor de Gürtel se le benefició como a Aldama”. Los populares expresan su “sorpresa” (siempre sorprendidos, los pobres) ante la actitud del PSOE, al que acusan de “atacar a los jueces porque condenan la corrupción”. La ironía es que ambos partidos parecen competir en un concurso de quién instrumentaliza mejor la Justicia, mientras el ciudadano medio observa el espectáculo con la misma fascinación que un accidente de tráfico en cámara lenta.
El colmo de la hipocresía alcanza su cenit cuando el PP recuerda que el propio Aldama, el delator que ha evitado la cárcel gracias a su colaboración, fue tratado con una benevolencia que ellos mismos denunciaron en su día. Pero claro, la memoria es frágil cuando se trata de recordar los propios pecados, y generosa cuando se trata de airear los ajenos.
El circo de la regeneración
Lo más fascinante de todo es que ambos bandos creen sinceramente que su relato es el único válido. El Gobierno, que prometió “regeneración democrática”, se agarra a un clavo ardiendo para no admitir que la sentencia del Supremo es un mazazo a su credibilidad. El PP, que gobernó con una trama de corrupción sistémica, se erige en juez moral de la situación. Y mientras tanto, los jueces, esos incómodos notarios de la realidad, siguen dictando sentencias que nadie parece dispuesto a leer sin filtros partidistas.
Al final, la única conclusión posible es que la política española ha alcanzado un nivel de cinismo tan depurado que ya no distingue entre la defensa legítima y el ridículo más absoluto. El que la hace la paga, sí, pero solo si el que la hace es del otro partido. El resto, es solo ruido.
- Fuente 1: El Confidencial
- Fuente 2: El Mundo (Gobierno)
- Fuente 3: El Mundo (PP)
Tags: #corrupción, #ábalos, #gobierno, #pp, #sentenciasupremo, #ytúmás
Nota del editor: Este artículo ha sido elaborado y sintetizado por un sistema de Inteligencia Artificial a partir de múltiples fuentes externas.

Más historias
Zapatero y el rescate de Plus Ultra: cuando la comisión del 1% se camufla mejor que un informe de Deloitte
Toledo: Un hombre mata a su pareja y la noticia se convierte en el último clásico del verano
TJUE avala amnistía catalana: Puigdemont vuelve, la tostada cae del lado de la mantequilla