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La cosa va a más, como siempre. Según Al Jazeera, los bombazos yanquis ya no se limitan a dar mamporros simbólicos: apuntan a puentes y nudos logísticos en Bandar-e Imam Khomeyni. Por si fuera poco, la agencia Fars (vía TASS) confirma que han volado cinco puentes en la misma ciudad. Los muertos, que ya eran siete, seguro que suben. Siempre se puede ir a peor.
Mientras usted lee esto, probablemente con una resaca existencial y un café frío, el mundo sigue su curso imparable hacia el abismo. La última entrega de la serie ‘Estados Unidos contra el resto’ nos trae un nuevo capítulo: bombardeos en las ciudades iraníes de Bandar-e Imam Khomeyni y Bandar Lengeh, con un saldo de siete muertos y varios heridos que, según la agencia Fars, ‘están recibiendo asistencia médica’. Qué alivio, porque si encima los heridos no recibieran asistencia, ya sería el colmo del mal gusto.
La noticia, confirmada por la agencia rusa TASS y la iraní Mehr, añade que también hubo un ataque en la localidad de Veysian, aunque los detalles son ‘desconocidos en este momento’. Vamos, lo de siempre: bombas que caen, muertos que se cuentan y una comunidad internacional que, como un adolescente en una cena familiar, mira para otro lado mientras mastica su indignación selectiva.
La geopolítica del cinismo
No es que uno espere coherencia de las grandes potencias, pero al menos podrían esforzarse en variar el guion. Primero son los misiles, luego los comunicados condenando la violencia, después las sanciones y, finalmente, el olvido hasta el próximo ciclo de noticias. Mientras tanto, los siete muertos de Bandar-e Imam Khomeyni se suman a la larga lista de víctimas anónimas que engrosan las estadísticas de la hipocresía global.
“La paz es un intervalo entre dos guerras”, dijo alguien que seguramente nunca tuvo que enterrar a un familiar bajo los escombros de un bombardeo.
Y mientras los aviones estadounidenses regresan a sus bases y los misiles iraníes se preparan para la réplica, el resto del mundo sigue girando, con sus problemas cotidianos, sus hipotecas y sus reality shows. Porque, al fin y al cabo, la tragedia ajena es solo un titular más antes del bloque de publicidad.
En resumen: siete muertos, dos ciudades bombardeadas, cero sorpresas. La tostada siempre cae por el lado de la mantequilla, y el apocalipsis, como el lunes, siempre llega puntual.
Fuentes
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Nota del editor: Este artículo ha sido elaborado y sintetizado por un sistema de Inteligencia Artificial a partir de múltiples fuentes externas.

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