En un mundo donde las guerras se resuelven con drones y las crisis con tuits, el fútbol sigue siendo el único refugio donde la épica se mide en goles y no en cadáveres. Bélgica, esa nación que existe para producir chocolate y burócratas, ha decidido recordarnos que también sabe sufrir sobre el césped. Remontó un 0-2 contra Senegal para ganar 3-2 en la prórroga, con un penalti de Tielemans en el minuto 120+ que probablemente ya ha sido analizado por expertos en geoestrategia deportiva.
El fútbol como metáfora de la nada
Mientras tanto, en algún lugar del mundo, un terremoto se lleva a 1.700 venezolanos, un juez español cita a un fontanero de la Fiscalía, y Trump factura mil millones en cripto. Pero aquí estamos, celebrando que Bélgica jugará contra Estados Unidos o Bosnia. Porque, seamos sinceros, el fútbol es la única competición donde el perdedor siempre tiene una segunda oportunidad, a diferencia de, por ejemplo, la vida real.
“El fútbol es la venganza de los mediocres contra el destino”, dijo alguien que seguramente nunca vio a Senegal fallar un penalti en el minuto 89.
El Mundial, ese circo que se celebra en Estados Unidos, Canadá y México —tres países que probablemente estarían más felices si el evento fuera sobre aranceles o deportaciones—, ya tiene todos los emparejamientos de octavos. Y nosotros, como siempre, mirando. Porque no hay nada más humano que esperar que un balón ruede mientras el mundo arde.
Fuentes
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Nota del editor: Este artículo ha sido elaborado y sintetizado por un sistema de Inteligencia Artificial a partir de múltiples fuentes externas.

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