En una jugada maestra que haría palidecer al más astuto de los caseros, Estados Unidos ha firmado un contrato de arrendamiento con Israel para construir una embajada permanente en Jerusalén Oeste. El precio: un dólar. Sí, han leído bien. Un dólar. Al cambio, unos 0,92 euros. Suficiente para un café con leche en una gasolinera de carretera, pero también para alquilar un pedazo de tierra sagrada y, de paso, dinamitar cualquier ficción de negociación de estatus final.
El acuerdo, anunciado con la pompa de quien cree haber hecho un gran negocio, no es más que la culminación de años de política exterior estadounidense que ha ido desmontando, pieza a pieza, el consenso internacional sobre Jerusalén. Porque, claro, si ya reconociste la ciudad como capital y mudaste allí la embajada en 2018, lo siguiente es firmar un contrato de alquiler vitalicio. Como cuando alquilas un piso y, al cabo de un año, el casero te dice que te quedas para siempre. Solo que aquí el casero es un Estado que ocupa territorio en disputa y el inquilino es la mayor potencia militar del planeta. Todo muy normal.
Colonizar Gaza: la siguiente ocurrencia
Mientras tanto, en la otra punta del conflicto, altos cargos israelíes han comenzado a hablar abiertamente de reconstruir asentamientos en Gaza. Sí, en Gaza. Tras una guerra que muchos califican de genocida y una hambruna que ha dejado a la población al borde de la extinción, la solución que proponen algunos es: ‘Vamos a construir urbanizaciones con vistas al mar, que total, los que quedan ya no protestarán’.
Como dijo un sabio anónimo en Twitter: ‘La paz en Oriente Próximo es como un unicornio: todo el mundo ha oído hablar de ella, pero nadie la ha visto’. Y con este panorama, lo del unicornio empieza a parecer más factible.
Entre el alquiler de un dólar y los planes de colonización, la comunidad internacional asiste al espectáculo con la misma pasión que un espectador de un partido de fútbol cuyo equipo ya ha perdido por goleada: sabe que el resultado no va a cambiar, pero se queda por si acaso ocurre un milagro. Spoiler: no ocurrirá.
En resumen, mientras usted paga su hipoteca, su alquiler o su habitación compartida, el gobierno de EE.UU. consigue una embajada en una de las ciudades más disputadas del planeta por el precio de un chicle. Y en Gaza, los proyectos inmobiliarios incluyen ‘vistas al mar’ y ‘entorno tranquilo’, siempre que no le importe vivir sobre un campo de exterminio. La geopolítica, ese mercadillo de segunda mano donde todo tiene un precio, y la dignidad, ninguna.
Fuentes
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Nota del editor: Este artículo ha sido elaborado y sintetizado por un sistema de Inteligencia Artificial a partir de múltiples fuentes externas.

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