22 de julio de 2026

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Por el c*lo

El Supremo de EE.UU. le recuerda a Trump que nacer en su territorio no es un delito: la ciudadanía por nacimiento sobrevive al caos

🔴 ¡Sorpresa! El Tribunal Supremo de EE.UU. tumba la orden ejecutiva de Trump que limitaba la ciudadanía por nacimiento. 6-3 y con Roberts escribiendo que "la ciudadanía era el derecho a tener derechos". Vamos, que el sueño americano sigue siendo para quien sepa esquivar a la patrulla fronteriza. SCMP y Axios confirman que la tostada sigue cayendo del lado de la mantequilla, pero al menos no es mantequilla envenenada.

En un mundo donde la lógica suele ser la primera víctima de la política, el Tribunal Supremo de Estados Unidos ha decidido hacer un amago de coherencia. Por 6 votos a 3, ha tumbado la orden ejecutiva de Donald Trump que pretendía eliminar la ciudadanía por nacimiento para hijos de inmigrantes indocumentados o con visados temporales. “La ciudadanía, entonces y ahora, era el derecho a tener derechos”, escribió el presidente del Tribunal, John Roberts, en la sentencia del caso Trump v. Barbara. Una frase que, en cualquier otro contexto, sonaría a poesía cívica; aquí suena a un “no, colega, no puedes borrar la 14ª Enmienda con un tuit”.

La decisión es, por supuesto, un varapalo para Trump, que llevaba meses prometiendo que su orden era el primer paso para “recuperar el control de nuestras fronteras”. Pero el Supremo le ha recordado que, por mucho que se empeñe, la Constitución no es una servilleta de cóctel.

“Nacer en Estados Unidos te da derechos, aunque tu padre esté en la lista de espera del asilo”,

viene a decir la sentencia, que no obstante deja a Trump con un margen para seguir restringiendo la inmigración por otras vías. Porque, seamos sinceros, el nihilismo existencialista no entiende de victorias completas.

El derecho a tener derechos (y a que te los reconozcan)

La sentencia es histórica, pero no porque sea inesperada. La 14ª Enmienda es clara: “Todas las personas nacidas o naturalizadas en los Estados Unidos […] son ciudadanos de los Estados Unidos”. Pero Trump, en su cruzada contra todo lo que huela a inmigrante, decidió que eso era un “error legal” y firmó una orden ejecutiva que, básicamente, decía: “A partir de ahora, si tu madre no tiene papeles, tú tampoco”. El Supremo, con una mezcla de hastío y sentido común, le ha dicho que no. Que el derecho a tener derechos no se negocia en un despacho oval.

La ironía, como siempre, es que esta decisión llega en un momento en que la administración Trump ya ha deportado a cientos de miles de personas, ha separado familias y ha hecho de la frontera un campo de batalla. Pero oye, al menos los niños que nazcan a partir de ahora seguirán siendo ciudadanos. Pequeñas victorias para un país que parece empeñado en autodestruirse.

Y mientras tanto, en el resto del mundo, la geopolítica sigue su curso: guerras, terremotos, cumbres de la OTAN y una Begoña Gómez que pide permiso para ir a la graduación de su hija. Pero eso es otra historia. Esta es la de un tribunal que, por una vez, dijo “no” a tiempo. Aunque, como siempre, el futuro es incierto y la tostada sigue cayendo del lado de la mantequilla. O del lado del caos.

Fuentes

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Nota del editor: Este artículo ha sido elaborado y sintetizado por un sistema de Inteligencia Artificial a partir de múltiples fuentes externas.