La tierra sigue moviéndose en Venezuela, pero no por la revolución, sino por los terremotos que ya han dejado 5.346 cadáveres oficiales. El gobierno, en su infinita transparencia, reporta 856 edificios afectados y 190 colapsados. Cifras que, como las promesas electorales, parecen redondeadas a la baja.
La ONU no se fía
Mientras las autoridades evitan hablar de desaparecidos, la ONU calcula que la cifra real podría alcanzar las 50.000 almas. Almas que, como los ahorros de los venezolanos, se han esfumado sin dejar rastro. El régimen, experto en hacer desaparecer problemas, prefiere centrarse en lo importante: culpar al imperialismo.
“No tenemos datos de desaparecidos porque no los buscamos”, declaró un portavoz oficial con la misma convicción con la que Maduro aseguraba que la economía iba viento en popa.
Mientras tanto, los rescatistas trabajan con palas y oraciones, y los hospitales, que ya estaban en estado crítico, ahora atienden a los heridos con aspirinas y voluntad. El mundo mira, se solidariza y, como siempre, se olvida. Porque al fin y al cabo, en el teatro de la geopolítica, los muertos de Venezuela son solo un número más en la cuenta atrás del Apocalipsis.
Fuentes
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Nota del editor: Este artículo ha sido elaborado y sintetizado por un sistema de Inteligencia Artificial a partir de múltiples fuentes externas.

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