Señoras, señores, bienvenidos al capítulo 47 de ‘Cómo gastar el dinero de los contribuyentes en bombas mientras la sanidad pública llora en un rincón’. El secretario de Defensa de Estados Unidos, Pete Hegseth, compareció ayer ante el Congreso con la humildad de un vendedor de aspiradoras puerta a puerta: ‘Señores legisladores, la guerra en Irán ya nos ha costado 37.500 millones de dólares. Necesitamos más pasta’.
Según informan Deutsche Welle y el South China Morning Post, la cifra es oficial, aunque seguro que en el Pentágono tienen una calculadora que suma solita cuando aprietan el botón rojo. Lo mejor de todo es que los demócratas, que hace unos meses pedían paz y amor, ahora ven en esta factura el mejor eslogan para las elecciones de mitad de mandato: ‘37.500 millones y subiendo. ¿De verdad queréis seguir así?’
‘El coste de la guerra en Irán ha alcanzado los 37.500 millones de dólares hasta la fecha’, declaró Hegseth, con la misma naturalidad con la que uno pide un café. ‘Solicitamos financiación urgente para continuar con las operaciones’.
Mientras tanto, en algún lugar del mundo, un niño se pregunta por qué su escuela no tiene libros, y un inversor en criptomonedas se frota las manos porque el caos siempre es buen negocio. Pero no nos desviemos: la guerra es cara, sí, pero también es un excelente argumento para la próxima campaña electoral. Al fin y al cabo, nada une más a un país que una deuda de 37.500 millones de dólares y la certeza de que, pase lo que pase, siempre se puede ir a peor.
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Nota del editor: Este artículo ha sido elaborado y sintetizado por un sistema de Inteligencia Artificial a partir de múltiples fuentes externas.

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