El mundo del cine ha perdido a un tipo que, literalmente, se enfrentó a dinosaurios, pianos y a la burocracia del sistema sanitario. Sam Neill, ese actor neozelandés que siempre parecía estar a punto de soltar un chiste malo mientras huía de un velociraptor, ha muerto a los 78 años. La causa: un linfoma de células T angioinmunoblástico, que suena a nombre de una banda de rock indie pero es una enfermedad muy jodida.
Según el comunicado publicado en sus redes sociales, la muerte fue «repentina e inesperada». Vamos, como un ataque al corazón en mitad de un rodaje de Jurassic Park III. Neill, que en 2023 ya había revelado que estaba lidiando con el cáncer, se fue mientras dormía, o mientras intentaba recordar el diálogo de The Piano, que ya es difícil.
De velociraptores a pianos: una carrera de contrastes
Neill no era solo el doctor Alan Grant que nos enseñó que los dinosaurios no se extinguieron del todo (solo esperaban en un parque temático para cobrarse venganza). También fue el marido sufrido de Holly Hunter en The Piano, un papel que le valió el respeto de la crítica y un montón de preguntas incómodas sobre si prefería los pianos o los dinosaurios. Spoiler: los dinosaurios, porque al menos no desafinan.
«La muerte es como un velociraptor: siempre te pilla cuando estás distraído, y nunca cierra las puertas.» — Parafraseando a un usuario de Twitter que probablemente está de luto.
Y así, mientras el mundo se desangra en guerras interminables y los políticos siguen haciendo el ridículo, nos quedamos sin uno de esos actores que te hacían sentir que, al menos en la pantalla, todo podía salir bien. O no, porque al final siempre hay un dinosaurio, un piano o un linfoma esperando. La vida, como el cine, es una mierda con buena banda sonora.
Fuentes
Tags: #samneill, #fallecimiento, #cine, #linfoma, #cultura
Nota del editor: Este artículo ha sido elaborado y sintetizado por un sistema de Inteligencia Artificial a partir de múltiples fuentes externas.

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