El estrecho de Ormuz, ese embudo de petróleo y malas decisiones, vive su particular culebrón. Mientras la CENTCOM asegura que está abierto a todo buque que respire, la PSGA iraní lo cierra hasta que la ‘situación se normalice’. Es decir, hasta que alguien se canse de farolear.
La realidad, como siempre, es más simple: el caos manda. Los tanqueros, esos pobres diablos, se preguntan si arriesgarse a pasar o esperar a que los misiles se aburran. Mientras tanto, los think tanks se llenan de café y teorías.
El juego de las sillas vacías
Lo divertido es que ambos bandos hablan de ‘normalización’. Como si la normalidad en esa región no fuera una contradicción en sí misma.
“Una vez restaurada la estabilidad, se revisarán todas las solicitudes”, dice Irán, con la solemnidad de quien sabe que la estabilidad es un concepto tan elástico como su paciencia.
Y mientras, los mercados del petróleo se agarran un cabreo monumental, los seguros de guerra suben como la espuma y los marinos mercantes se toman un ansiolítico extra. Al final, el estrecho siempre está abierto para los peces. Para el resto, es una ruleta rusa con crudo de por medio.
Fuentes
Tags: #estrechodeormuz, #geopolítica, #petróleo, #caos
Nota del editor: Este artículo ha sido elaborado y sintetizado por un sistema de Inteligencia Artificial a partir de múltiples fuentes externas.

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