Mientras el mundo se deshacía en análisis sesudos sobre el matrimonio de Taylor Swift y Travis Kelce —porque, seamos sinceros, la boda del siglo merecía más cobertura que un apocalipsis sísmico—, Venezuela sigue desmoronándose. La agencia TASS, con esa puntualidad soviética que tanto echamos de menos, ha actualizado la cifra de fallecidos por los terremotos gemelos: 2.954 muertos y 16.592 heridos. Casi nada.
Los supervivientes, según Al Jazeera, se apiñan en tiendas de campaña instaladas en parques públicos, mientras los edificios se convierten en escombros con vistas. «Es una pesadilla», declara un superviviente, que probablemente no imaginaba que su país desaparecería del mapa informativo por un enlace nupcial en el Madison Square Garden.
Mientras tanto, el Ministerio de Exteriores español —que ya había elevado a 32 el número de españoles muertos en el primer terremoto— guarda silencio sobre si esta nueva cifra incluye a algún compatriota más. Suponemos que están muy ocupados redactando el parte de bajas de la boda de la cantante.
Lo peor de todo es que, en el fondo, sabemos que esta noticia no competirá con el directo de «cómo besó el novio a la novia». Porque, seamos honestos, la tostada siempre cae del lado de la mantequilla, y la mantequilla, en este caso, es un vestido de Vera Wang.
«Es una pesadilla», repite el superviviente, mientras el mundo entero se pregunta si Taylor Swift llevará o no un vestido de repuesto para la recepción.
Y mientras tanto, en Venezuela, el suelo sigue temblando. Pero tranquilos, que seguro que en la próxima gala de los Grammy habrá un minuto de silencio. O no.
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Tags: #venezuela, #terremoto, #taylorswift, #geopolítica, #cinismo
Nota del editor: Este artículo ha sido elaborado y sintetizado por un sistema de Inteligencia Artificial a partir de múltiples fuentes externas.

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