Mientras los líderes islamistas de Siria intentaban vender la milagrosa ‘estabilización’ post-guerra, un café cerca del Palacio de Justicia de Damasco ha recordado que la paz es un concepto tan escurridizo como la verdad en un mitin electoral. Seis muertos, 22 heridos. La cifra, según informa BBC World, podría haber sido peor, pero el nihilismo existencialista no entiende de medias tintas.
El atentado, el más mortífero desde un ataque suicida contra una iglesia el año pasado, no ha sido reivindicado. Como si el silencio fuera una declaración de principios. Las autoridades, mientras tanto, investigan la causa. Es decir, hacen lo que se espera de ellas: nada que pueda cambiar el curso de los acontecimientos.
“La explosión se escuchó en Damasco, pero la naturaleza de la explosión no está clara de inmediato”, informó Al Jazeera, en un alarde de precisión informativa que nos deja tan perplejos como un político prometiendo transparencia.
El caos se desató en la bulliciosa zona. Ambulancias sorteando el tráfico, sirenas, pánico. La rutina de una ciudad que ha normalizado el horror. Mientras, en las altas esferas, se discute sobre cómo ‘estabilizar’ el país. La respuesta, como siempre, es un misterio tan profundo como el agujero en la pared del café.
Al final, solo queda el humo, los escombros y la certeza de que, en esta región, la tostada siempre cae por el lado de la mantequilla. Y si no hay mantequilla, siempre se puede ir a peor.
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Tags: #siria, #damasco, #atentado, #inestabilidad, #geopolítica
Nota del editor: Este artículo ha sido elaborado y sintetizado por un sistema de Inteligencia Artificial a partir de múltiples fuentes externas.

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