El lamento del arrepentido fiscal
Mientras el Tribunal Supremo confirmaba que el empresario Víctor de Aldama no tendrá que devolver los 3,7 millones de la comisión de las mascarillas, el condenado se ha permitido el lujo de quejarse amargamente: tuvo que pagar impuestos por esos seis millones. Sí, han leído bien. En un país donde la evasión fiscal es casi un deporte nacional, Aldama se duele de haber sido un ciudadano ejemplar… al menos en Hacienda.
El Supremo contradice a Aldama (y a la lógica)
El alto tribunal no solo le ha librado de la cárcel –por su colaboración con la justicia, dicen– sino que ha desmentido sus acusaciones de soborno a un alto cargo de Hacienda. Vamos, que ni siquiera puede presumir de haber comprado a un inspector. Todo muy limpio, todo muy legal. Lo único que le queda es el consuelo de haber pagado religiosamente sus tributos, aunque sea por una comisión que el resto del país considera, digamos, poco clara.
Zapatero, al quite: nulidad o nada
Mientras tanto, el expresidente José Luis Rodríguez Zapatero ha pedido al juez Calama que aclare si el análisis de un disco duro incautado a un abogado se hizo con autorización judicial. Si no, pide nulidad. O sea, que mientras unos lloran por pagar impuestos, otros buscan agujeros legales para tumbar pruebas. La justicia española, ese circo de tres pistas donde cada cual busca su número.
- Fuente 1: elDiario.es
- Fuente 2: elDiario.es
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Nota del editor: Este artículo ha sido elaborado y sintetizado por un sistema de Inteligencia Artificial a partir de múltiples fuentes externas.

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